S.E.C.
 Sociedad Española de Criogenización

 PORTADA
 ESTATUTOS
 GLOSARIO
 PROTOCOLO
 FAQ 
 GESTIONES   
 ARTÍCULOS
 ENLACES
 FORO
 CONTACTO
 crionica.org
 
ARTÍCULOS
AÚN ES UN EXPERIMENTO

Uno de los inconvenientes que presenta la crionización es que cuando se congela el agua del cuerpo forma cristales que pueden producir daños en las células y desgarrar los tejidos. Para el director de Alcor, este no es un daño irreversible, pues “en el futuro se podrán construir máquinas del tamaño de un virus que esperamos que puedan reparar una por una las células humanas”. Pero además se está estudiando la llamada congelación por “shock”, no gradual sino muy rápida. El peligro se sitúa entre los cero grados y los 130 bajo cero, pero una vez superado este nivel el agua no se congela en forma de cristales, sino de masa homogénea, y basta someter bruscamente un tejido a esa temperatura para evitar el peligro.

El mayor problema es que todavía no existe un método de descongelación satisfactorio. Se han realizado experimentos con animales que han dados resultados muy favorables, como en la Universidad Japonesa de Kobe, donde el profesor Suda logró señales encefalográficas de un cerebro de gatos después de haberlo conservado durante 203 días a una temperatura de 20 grados bajo cero. Sin embargo, ninguno de los hombres hibernados ha vuelto todavía a la vida y es aún un experimento. “Sabemos que no hay garantías, que es mera especulación, pero no estamos locos: es una especulación razonable”, asegura Carlos Mondragón. “Yo le daría un 40 por ciento de posibilidades de éxito”.

También Gregory Fahy, criobiólogo de la Cruz Roja Americana, afirma que existe una gran posibilidad de que “la estructura cerebral e incluso las funciones del cerebro se mantengan intactas al congelar éste con la presencia de agentes de protección en grandes cantidades, como el glicerol”.

Otros científicos en cambio, se muestran mucho más escépticos, como por ejemplo David Pegg, de la Universidad inglesa de Cambridge, que asegura que la resurrección humana es imposible. Otros han acusado directamente a estas sociedades de fraude, e incluso se ha aludido al problema demográfico que sufrirá la humanidad en el próximo siglo. Avi Ben Agrahan, presidente de la Sociedad Americana de Criogenia, se defiende de estas objeciones diciendo que ellos luchan por la ampliación de la vida y que lo previsible es que en el futuro la humanidad tenga nuevas políticas de natalidad o haya conquistado ya el espacio.

Por su parte, algunos de los defensores de las sociedades criónicas han llegado a unos planteamientos radicales, acusando incluso a los médicos de negligencia en cualquier fallecimiento no causado por accidente.

Mientras esta polémica se produce, los adeptos a la criogenización siguen aumentando. El pasado enero quedó constituido en el Reino Unido una filial de Alcor con el nombre de “Alcor UK”, primer centro de atención y suspensión criónica para los europeos, y a estas organizaciones les quitan las acciones de la mano tan pronto como amplían su capital. “Cuando a uno lo entierran ya no quedan soluciones. Sin embargo, así siempre queda la posibilidad de que mi hijo vuelva a tener la vida que hoy ha perdido” dice la madre de un hibernado de Alcor. Esta misma postura sostiene Donaldson: “No quiero morir, y mientras todas las demás alternativas conducen a una muerte segura, ésta me llevaría a algún final desconocido. Me parece que esta solución es claramente ventajosa”.

Con la hibernación los límites de la vida quedarían enormemente engrandecidos. El hombre podría vivir diversas épocas históricas, dormirse durante 10, 20 ó 100 años y al despertar volver a reanudar su vida a la misma edad en la que les fue interrumpida la vida. Pero junto a la esperanza se halla un gran temor ante las ignoradas perspectivas que pueden adoptar, sobre todo cuando se empiece a practicar con pacientes que aún no hayan fallecido. La primera pregunta que surge entonces es: ¿qué siente el hombre mientras permanece suspendido? Según los expertos, las reacciones químicas del sueño y el pensamiento se darían también a una velocidad tan pequeña que no llegarían a constituir estos fenómenos en sí. También se cree que se conservarían gran parte de los recuerdos grabados en el cerebro, que seguiría trabajando a un ritmo aproximado de un dos por ciento. Pero nada de ello se sabrá a ciencia cierta hasta dentro de muchos años, pues los especialistas en Futurología y Prospectiva del mundo fijan la consecución plena de la hibernación en el hombre allá por el año 2100.

 

VOLVER