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HIBERNACIÓN: EL ARTE DE BURLAR LA MUERTE
El viejo sueño
de la inmortalidad que ha acompañado siempre al hombre tiene ya un
nombre: la criogenización o congelación del cuerpo en espera de ser
reanimado dentro de muchos años, cuando se haya descubierto la solución
a la enfermedad que le causó la muerte. Existen en el mundo tres
sociedades criónicas en las que, tras el pago por adelantado de una
especie de seguro de vida que oscila entre tres y diez millones de
pesetas, según la modalidad, garantiza la conservación y mantenimiento
del cuerpo a 196 grados bajo cero, y “personal disponible para asistir
día y noche durante cien años”.
Este sistema está aún en fase
experimental. Todavía no se ha demostrado que los cuerpos congelados
puedan ser reanimados y no todos los científicos lo consideran
factible. Sin embargo ya son 25 las personas que se encuentran
voluntariamente en suspensión criónica desde 1967.
Fue en esa década cuando nació
la teoría de la criogenización, de la mano del doctor Ettinger, pero
este tema ha vuelto a ser noticia hace unos días, cuando el matemático
norteamericano Thomas Donaldson, enfermo de cáncer, solicitó permiso
legal para congelar su cabeza antes de morir.
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