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 Sociedad Española de Criogenización

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LOS PRIMEROS CASOS

Este sistema no es nuevo, sino que se viene practicando desde la década delos sesenta, cuando se crearon las primeras sociedades de hibernación. Fueron accidentes fortuitos los que pusieron a la ciencia en el camino de la criogenización. La primera vez que se aplicó el frío a la técnica quirúrgica fue en París en 1951, cuando hasta Henry Laborit, un joven médico francés, llegó una muchacha de 20 años aquejada de peritonitis aguda y prácticamente cadáver. Debido a la grave infección que padecía, no podía ser operada. A Laborit se le ocurrió rodearla de hielo para disminuir el ritmo de sus funciones fisiológicas y entonces le suministró los antibióticos necesarios para la infección fuera descendido. Tres días después éstos habían hecho efecto y la muchacha pudo ser operada con éxito.

Los casos se sucedieron a lo largo de la década de los 60, los años de mayor avance en este campo: desde el joven noruego que quedó sumergido en un glaciar y cuyo cuerpo, fundido en el hielo, se logró volver a la vida, hasta el de una mujer de raza negra de Chicago que fue encontrada congelada en un parque público y que también fue devuelta al mundo. En 1964 la hibernación adquirió su propia filosofía con el doctor Ettinger, un profesor de Física en el Hagland Park College de Detroit, autor del libro “Perspectiva de la inmortalidad”, en que sostiene que “la muerte, de momento, debe considerarse una enfermedad incurable”. “Es la velocidad de las reacciones lo que nos hace envejecer. Si a la temperatura de nuestro cuerpo una reacción biológica se produce en dos diezmilésimas de segundo, a la temperatura de ebullición del nitrógeno líquido esa misma reacción tarda más de dos millones de años”. El cuerpo, pues, conservado a esa temperatura, podría esperar, según Ettinger, a que la ciencia tenga armas para curar aquella muerte que, de momento, es “una enfermedad sin tratamiento”.

Ettinger ideó el proceso de criogenización que hoy se aplica, y a raíz de la publicación de su libro nació la fiebre de hibernación humana como una forma de burlar la muerte. Sólo un año después se fundó en Nueva York la primera sociedad criónica del mundo, cuyo primer cliente fue James H. Bredford, un anciano profesor de Psicología que murió de leucemia el 12 de enero de 1967. La sociedad, a la que aparte de pagar los gastos de su congelación Bredford donó 200.000 dólares, tomó su nombre, pero más tarde se arruinó y Alcor se quedó con él “por motivos de caridad”.

En Europa, los dos pioneros fueron los italianos Salvatore di Paola y Guisepe Marino, que en 1968 firmaron el contrato de suspensión criónica y fueron trasladados al centro de California al morir. Las noticias son más o menos inciertas, pero se rumoreó que fueron sometidos al proceso de crionización los cadáveres de De Gaulle, Maurice Chevalier, Walt Disney... sin que nada seguro se hay podido saber al respecto.

Los que sí se conocen con certeza son el escritor y productor de televisión Dick Clair, ganador de tres premios Emmy por su participación en “El show de Carol Burnett”, que se congeló en diciembre de 1989, y el eminente psiquiatra Donovan, experto en neurología, que lo hizo en marzo de ese mismo año.

El caso más espectacular fue el de Dora Kent, una mujer de 83 años con una enfermedad cerebral que fue suspendida sin que se sepa si participó personalmente en la decisión, pues fue su hijo Saúl el que firmó los papeles necesarios. Las autoridades dudaron que Alcor hubiera esperado a la muerte de la anciana para practicarle la suspensión, lo que generó una gran polémica en 1987, pues podía haberse considerado un homicidio, pero nunca hubo acusaciones formales contra la organización. Entre los pacientes de Alcor también se encuentra una joven española que murió de un ataque cardíaco el año pasado, pero cuya familia prefiere mantener el anonimato.

Sin embargo, a pesar de que todas estas personas han elegido voluntariamente someterse al proceso de criogenización con la esperanza de superar la muerte, este método no está totalmente perfeccionado, y muchos científicos lo consideran un fraude.

 

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